Ayer el Departamento de Justicia de los Estados Unidos cerró Megaupload y 18 sitios afiliados por considerar que a través de estos sitios se facilitaban y cometían crímenes contra la propiedad intelectual. Pero la cosa no quedo allí, los dueños, responsables y empleados de estas páginas fueron detenidos (algunos están prófugos), enfrentando la imputación de diferentes delitos con penas de prisión sumamente altas.
Por otra parte, las repercusiones de millones de usuarios no se hicieron esperar. Las acciones más osadas vinieron del famoso grupo Anonymous, quien comenzó a atacar a los sitios más importantes del gobierno y de la industria cultural norteamericana. Incluso muchos hablaban de la cyberguerra, término tan amplio y controvertido sobre el cual me cuesta un poco tener una opinión formada, y aplicar a este caso en concreto.
Pero volviendo al eje de la cuestión, todo esto sucedió el día siguiente al apagón mundial en Internet, a raíz del tratamiento que tendrían los proyectos legislativos conocidos como SOPA y PIPA en el Congreso de los Estados Unidos.
Si bien no es mi intención analizar cada cosa que se dijo en los blogs y en las redes sociales sobre este tema, quiero compartir -a mi modo de ver- una postura más realista y sincera del asunto. Desde ya les anticipo que pienso que todo esto se reduce, nada más ni nada menos, que a una lucha de intereses económicos, entre diferentes grupos o sectores. Unos más ricos, y otros menos.
Los distintos sectores que intervienen en esta lucha de conflictos son en términos generales: 1) las discográficas, las editoriales, los autores, los escritores, 2) los consumidores de estos contenidos y 3) los sitios que lucran de alguna manera con contenidos pirateados. Las discográficas dicen que la piratería atenta contra los puestos de trabajo, los consumidores de contenidos y los webmasters de sitios como Megaupload o similares se llenan la boca diciendo que luchan por la libertad de información, por la libertad de expresión, por la Internet libre, y bla bla bla.
Y aunque suene muy directa, creo que hay demasiada falsedad en estos argumentos o que se usan “palabras bonitas” o expresiones altruistas para no decir lo que realmente pasa. El 90 o 99% de este conflicto de intereses consiste en una cuestión puramente monetaria. Por un lado, los que quieren cobrar por su trabajo intelectual (los creadores, compositores, cantantes, escritores, etc.), los que quieren abusarse de esto (discográficas) y muchísimos usuarios que creen que tiene derecho a consumir todo lo que quieran, sin pagar un peso. Y también tenemos a los vivos de siempre, que son los responsables de los sitios que se benefician económicamente del contenido pirateado, y que encima van de “defensores de la libertad de expresión”, victimizándose porque el Tío Sam se puso duro y se los quiere cargar de un plumazo. ¿Cómo puede ser que alguien ose meterse con “estos verdaderos defensores de la libertad de expresión”, que hacen dinero utilizando en forma ilegal el trabajo intelectual ajeno? Es para hacer lluvia de corazones.
En Estados Unidos pasa algo a lo cual los latinos no estamos acostumbrados, cuando te agarran te agarran, y te dan sin piedad. Si bien es el país en el cual menos causas llegan a juicio, son los que más duramente aplican la ley. Personalmente me parece un disparate la severidad de las penas y la cantidad de ilícitos que se les imputan a los protagonistas de estos hechos, pero eso ya es una cuestión de política criminal que excede este post.
Y la verdad es que me cansa bastante leer tanta hipocresía en Internet, desde todos los sectores o por parte de quienes tienen intereses en pugna. Cuando todos los grupos se saquen la mascara (o careta como decimos en Argentina) y dejen de usar palabras bonitas (o discursos mentirosos y vacíos) para disfrazar una lucha que se reduce a intereses económicos contrapuestos, quizás recién ahí se pueda encontrar una solución o un punto medio para este problema. Y los usuarios puedan disfrutar de mejores contenidos, gastando poca plata, y los creadores de contenido ganando lo que corresponde o se merecen.
Muchos dicen que el actual modelo de negocios de la propiedad intelectual está obsoleto, que ya no va más, que no logra adaptarse a todo lo que implican las nuevas tecnologías, y seguramente es cierto. Estamos en una época en que hay que cambiar los paradigmas, para tratar que todos los sectores (salvo los que lucran ilegalmente con contenido u obras pirateadas) salgan ganando. Tienen que “parirse” nuevas formas de hacer dinero líticas y dignas y nuevas formas de llegar al público en lo que a la industria de contenidos se refiere.
Pero por favor, basta de mentiras, de adjudicarse defensas altruistas que no son tales (de hacerse los defensores de los derechos humanos), cuando en realidad todos están cuidando el kiosquito… Más coherencia, y menos humo…
Por último, les recomiendo la lectura de dos muy buenas opiniones sobre el tema, muy centradas y mucho mejor expresadas que la mía:
Actualización: Lamar Smith retira la propuesta de la Ley SOPA, hasta -según sus palabras- encontrar un mayor concenso sobre cuál debería ser la solución en relación a la “piratería en Internet”.